Eme Ka
Estando en la playa comiendo juntos, por la tarde justo después de que yo llegara, todavía nos sentíamos cortados, invadidos, mudos porque no nos habíamos visto desde hacía meses, y hasta decir habernos visto es mucho porque a pesar de habernos citado varias veces de día, creo que solo de noche habíamos podido sernos francos y serlo con el otro, la otra; siendo franco sin ver al otro, escuchándolo más que viéndolo. Yo acababa de llegar pues, a donde ella estaba, respondiendo a su insistencia, que voluntariamente azucé con falso desinterés y falsa tibieza.
Yo tenía que caer irremediablemente en trance con ella. Le hablé de mi afición por las supersticiones pero no le dije yo veía en el vendaval que soplaba el viernes un modelo a escala de lo que siembra en mí. Desde el primer momento en que se resolvió a escribirme a horas indecentes— serían las tres de la mañana— pocos días antes, supe que no iba a ser fácil, porque soy insoportable y raro— ella misma me había dado ese último adjetivo, atribuyéndolo a otros labios—... porque soy insoportable y raro, y egoísta... y adoro su nariz— que no se parece a la de su hermana, se lo dije— y sus cabellos, que con el temporal de la tarde de ese viernes me hacían pensar en kakemonos, en velas agitandose como el mar, como él haciendo olas... y su nariz que no se parece a ninguna, su nariz mascarón de proa de su cuerpo de goleta... y su risa que a todo trapo embestía contra mi falsa indiferencia por ella.
Discover Emily Loizeau!
Par Felipe Bachomo :: 24.11.08 à 14:34 (CET) :: Lutecia y las Galias :: #227 :: rss
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