Yotala Port-Bou Chenalhó Bachoco Puigcerdà Hendaia Larchant Maquicoba
Llegamos, Señores, terminus du train Paris-Port-Bou. Antes de quitar el pie del ultimo peldaño se respira ya el aire que llena este país. No hay tramontana. El viento no corta el paisaje corre muy quedo, casi a tientas, pasada la loma pelona donde empiezan las casas.
Yo había leído que WB casi perdía el sombrero al cruzar la plaza donde están la iglesia y el componedor de relojes, que el soplo vino y le voló el sombrero, que tuvo que corretearlo como a un ladrón. Yo sombrero no tengo, tampoco hay nadie que atestigüe que no ocurrió nada a mi llegada, ni que ningún aire corría, ni vine aquí a morirme. En la plaza se ven dos viejos que ya no cuentan como testigos de nada, discuten a gritos y grandes gestos de orador; calculo que a uno el cigarrillo le quemará los dedos antes de que llegue yo a pedirle fuego, bien le viene una pausita al barullo que arman.
Vine al pueblo sin otro propósito que matar la nostalgia aunque éste no sea mi lugar y ya no tenga a nadie aquí. Puto pueblo con iglesia, loma y aburrimiento. Esas son sus señas, las tres más visibles. Comenzaré por describir la tercera: en realidad la tercera es una lista. De ponerme a pensar en sus elementos se me baja la tensión, no sé si es porque aburrimiento es sentimiento. Cómo me la jalo.
En esa lista de objetos al origen de mi aburrimiento están: la parada del autobús que nunca pasa; la clínica a la que sólo acuden por una parte, los viejos, y por otra, los adolescentes en busca de anticonceptivos tardíos; el café-restaurant-tortillería-centro social: amigo, véngase a tomar un refresquito, la cerveza la servimos con alimentos; el órgano de la iglesia, roto, de cualquier manera, nadie sabe tocarlo; los muros de ciertas calles, unos blancos otros azules, terracota o amarillos, pintarrajeados de propaganda política de hace 10 años.
Entonces veo a esa mujer y su marido invisible, o escondido o huido, que saluda a algunos de los que pasan; la veo intercambiar dos palabras con una joven, "bien, nada; sí, está reparando la cerca, pásate cuando quieras", evita citar su nombre y utiliza "él" como para referirse solamente a Dios; su marido corría tras una joven, ella tras el marido; fue la única época en la que en la plaza las mujeres formaban corrillos. El lavandero comunal está de adorno. Ahora… pues ahora, ellas se mueren solas en la cocina, mirando por la ventana un horizonte de encinas, maizales y tolvaneras.
En los pueblos con montaña, en esta clasificación lo incluiría, como en los pueblos con mar de la canción no hay Hollywood ending cuando pasa algo bueno, si es que pasa. A diferencia de los pueblos costeros, algunos pueblos con montaña están del mal lado de la montaña, el día acaba antes y el crepúsculo es cenizo como si el cielo fuera un tejabán traslúcido. Pero la noche y lo oscuro también son cosa buena.
Y mis recuerdos y sueños no reducen a lugares. Y recuerdos y sueños son las etiquetas con las que tiño de melodrama esta breve y aburrida estadía en la realidad.
Par Felipe Bachomo :: 27.08.08 à 10:24 (CEST) :: Ayeres :: #219 :: rss
Sus comentarios
El 9.10.08 a 16:51 (CEST), comentario de Sylvain :: email :: #
Hola,
Tal vez es mala onda reaccionar aqui pero no encontré modo de dejar el comentario debajo del tema dedicado (de Oli conamor). No mas para destacar lo chistoso que es la gente. Hay como 5000 mexicanos en Espana mientras son 100 000 los ciudadanos espanoles en México.
Se me hace que la chava ha de tener un sentido del humor algo pervertido.
Bueno, ya me despido.
Que te vaya bien.
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